Bolívar hombre, el gran desconocido a 235 años de su nacimiento.

2 agosto, 2018/Historia

Amado, odiado, respetado o temido, ya sea por aliados y enemigos, firme ante las adversidades y drástico en sus decisiones, implacable con sus contrarios, amante de su patria, determinado en sus objetivos, y de verbo encendido. Esta es la descripción más básica que podría darse de Simón Bolívar, un hombre cuya serenidad estaba determinada por el tamaño del caos que se ponía sobre sus hombros. Un hombre cuyo compromiso consolidó la gran República de Colón, la Colombeia mirandina, la Colombia del pasado, la Venezuela en que nacimos.

A pocos personajes de la historia americana se les ha seguido la pista de manera tan exhaustiva como al General Bolívar, parafraseando a Cabrujas, sabemos exactamente que hizo Bolívar en una fecha y una hora puntual, pero sigue siendo para nosotros un gran desconocido, un misterio envuelto en un enigma.

Yendo mucho más allá del Aquiles librador de batallas y comandante de ejércitos que Eduardo Blanco nos relató, del hombre que Guzmán Blanco nombraba de incorruptible, debemos ver al Q:.H:., un ser imperfecto pero con una voluntad inquebrantable, una persona que desde niño conoció el toque de la muerte a las puertas de su casa al perder a su padre a los 3 años de vida, y a su madre a los 10, al perder al amor de su vida siendo poco más que un adolescente, un rico que se crió entre esclavos, entre casabe y cadenas, pero también con vino y mantillas, sería esa dualidad la que pariría un Libertador.

Pongámonos en contexto, la Caracas de 1783, un pequeño poblado americano del imperio donde nunca se pone el sol. Es jueves 24 de julio, y en la casa de los Bolívar Palacios Ponte y Blanco empiezan los gritos, las negras y la comadrona se alarman y se preparan porque viene el niño, pues ya Doña María de la Concepción, ama y señora de la casa, hace horas que tiene dolores y está tirada en la cama. Entre el agua caliente y los rezos nace el niño Simón.
Sus primeros años corresponden a la infancia típica de un niño de su estirpe, con la diferencia que aprende lo efímero de la vida a muy corta edad. En 1786 la tuberculosis le quita a su padre Don Juan Vicente, 7 años después le arrebatará a su madre.

Simón queda a cargo de su tío Carlos Palacios, un hombre tosco y ausente que lo relega a ser criado por la servidumbre, en particular por dos esclavas, Hipolita que ronda los 20 años de edad y Matea que no es mucho mayor que él, comparte su infancia y le enseña a jugar en el campo, lo entretiene y le enseña a fijar su atención, pues simoncito no es el más aplicado de los estudiantes, es un niño común e indisciplinado.

La carga psicológica, intelectual y social en esta etapa es crucial para forjar al Libertador, la llegada de su maestro Simón Rodríguez y la vida misma le están inculcando las herramientas que necesita para destruir los despojos de su piedra bruta sin saberlo. Ya es un adolescente, ha mejorado en sus estudios y ya no se escapa de casa. A los 16 años es enviado a Madrid para cursar estudios superiores, allí queda perplejo y enamorado de una chica 2 años mayor que él, la vida le sonríe, es María Teresa del Toro. Se casan profundamente enamorados, y es obvio, como cualquier venezolano que se precie de sí mismo se la lleva a vivir a Venezuela.

La felicidad le dura poco, es como si la vida se ensañara contra Simón quitándole a quienes le importan, a quienes ama. En San Mateo, María Teresa enferma de fiebres malignas y muere repentinamente, no ha podido siquiera degustar el sabor y el amor de una familia propia.

Esta pudo ser la bifurcación en la tormenta perfecta, perderse en la depresión o seguir adelante, lo cierto que es que el joven Bolívar eligió ambas, pues entre excesos y fiestas para acallar el dolor fue a parar al libertinaje parisino de la época, mujeres y alcohol, cientos de miles de pesos gastados, el derroche en letras de cambio y el juramento de nunca volverse a casar.

Que sortario y oportuno fue encontrar un cobijo especial, un lugar que no le prometía nada más que forjar templos a sus virtudes y calabozos a sus vicios, pero que le exigía a cambio la fraternidad y el secreto para con los suyos. Bolívar había sido iniciado.

Según refieren los archivos fidedignos en logias de París y las investigaciones de la Gran Logia de la República de Venezuela, el 7 de enero de 1806 Simón Bolívar hace su juramento ante sus iniciadores, dedicado al “Arquitecto de una Moral Universal y Constructor del Templo Espiritual Invisible”.

“Juro por Dios y por San Juan, por la Escuadra y el Compás, someterme al juicio de todos, trabajar al servicio de mi Maestro en la honorable Logia, del lunes por la mañana al sábado, y guardar las llaves, bajo la pena de que me sea arrancada la lengua a través del mentón, y de ser enterrado bajo las olas, allá donde ningún hombre lo sabrá”.

Se enciende entonces la antorcha, las causalidades lo enfrentan a su propia estirpe, un mantuano poniendo su sable contra los mantuanos, las cartas del destino lo ponen en el lugar y en el momento correcto, la frágil monarquía española se tambalea con un Napoléon acuchillando las coronas castellanas y los ideales de un Francisco de Miranda que impaciente en Lóndres hace ruido con los dedos sobre su mesa, pues el embarazo de 300 años está por reventar.
Estalla el 19 de abril de 1810 en Caracas un movimiento, no precisamente republicano, Napoleón ha secuestrado la corona y el cabildo caraqueño no se va quedar con los brazos cruzados, cantando el “Gloria al Bravo Pueblo” que era en principio el canto a los intereses del Rey Fernando VII promulgan una junta para defender a su Rey, he aquí el primer nacimiento de Bolívar el político. Ya ha empezado a forjar su carácter, tras la visita a Lóndres y contra las órdenes expresas que le dieron ha traído a Francisco de Miranda de sorpresa a Venezuela y acaba de ponerle candela a la pólvora, pues los mantuanos caraqueños sienten un profundo desprecio por el precursor caraqueño.
Será difícil comprender que pasó por la mente del joven Bolívar una noche de 1812 para encarcelar y entregar a su propio héroe al enemigo. Lo demás ya es historia ampliamente conocida, una campaña contra todo pronóstico que abarca desde Florida y el Caribe hasta el Perú.

Junto a sus generales comandó 472 batallas a lo largo de Sudamérica, en 75 de ellas participó de manera directa, en 25 batallas su vida estuvo completamente en peligro.

Estuvo al frente de la liberación de los territorios que ocupan la actual Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Bolívia y Perú, este último muy discutido con los seguidores del honorable General José de San Martín.

La complejidad de su vida lo llevó a diversos cambios, muchos de ellos que no podrían entenderse sin el estudio de su correspondencia, cambios en su pensamiento, y su comportamiento incluso contra H:.H:. de la orden.
Siendo presidente de la ya liberada República de Colombia varios sectores dentro de la masonería colombiana en su mayoría pertenecientes a la logia Fraternidad Bogotana N° 1 iniciaron una conspiración para asesinarlo, conspiración que ya había debelado el Mariscal Sucre en varías de sus cartas. Esta logia estaba profundamente influida por H:. General Francisco de Paula Santander, quien después de haber luchado hombro con hombro junto a Bolívar ahora quería prescindir del liderazgo del venezolano en Bogotá pasando sobre su cadáver.

Al descubrir las conspiraciones, el 21 de octubre de 1825, el Libertador le dirige fuera de Colombia una comunicación al General Santander, tildando de, malditos y charlatanes a los conspiradores bogotanos:

“Malditos sean los masones y los tales filósofos charlatanes. Estos han de reunir los dos bellos partidos de cuervos blancos, con cuervos negros: al primero por quererlo humillar, y al segundo por quererlo ensalzar. Por los filósofos, masones y cuervos, no he de ir a Colombia. Por acá no hay nada de esto, y los que haya, serán tratados como es justo. Soy de usted de corazón. Bolívar”.

Las conspiraciones no acabarían ahí, el 25 de septiembre de 1828, 37 asesinos tomaron el Palacio de Gobierno de Bogotá para liquidarlo sin éxito, pues Manuela Saenz, le salva la vida ayudándolo a escapar por un balcón.
Como respuesta al atentado, el 8 de noviembre de 1828, el Libertador emitió un decreto prohibiendo la masonería en Colombia. Este decreto fue promulgado 1 mes y 13 días después del atentado en Bogotá. Luego de haberse publicado en el órgano de la logia de esa ciudad, se encontró una nota que decía: “Puede ser que Obando haga con Sucre lo que nosotros no pudimos hacer con Bolívar”.

DECRETO

Artículo 1º: Se prohíben en Colombia todas las sociedades o confraternidades secretas, sea cual fuere la denominación de cada una

Artículo 2°: Los Gobernadores de las Provincias, por sí y por medio de los Jefes de Policía de los Cantones, disolverán e impedirán las reuniones de las sociedades secretas, averiguando cuidadosamente si existen algunas en sus respectivas provincias.

Artículo 3°: Cualquiera que diere o arrendare su casa o local para una sociedad secreta incurrirá en la multa de 200 pesos, y cada uno de los que concurran, en la de 100 pesos por la primera y segunda vez; por la tercera y demás será doble la multa; los que no pudieren satisfacer la multa sufrirán por la primera y segunda vez dos meses de prisión, y por la tercera y demás será doble la pena.

Parágrafo 1°: Los Gobernadores y Jefes de Policía aplicarán la pena a los contraventores haciéndolo breve y sumariamente, sin que ninguno pueda alegar fuero Cero en contrario.

Parágrafo 2°: Las multas se destinan para gastos de policía, bajo la Dirección de los Gobernadores de las Provincias.

Sería erróneo tomar este decreto como un acto contra la orden en sí, era una represalia por una conspiración de una logia que según Bolívar estaba gestando actos mucho peores, pues según el prócer Perú de La Croix, en este taller trabajaba el H:. Pedro Carujo quien se presume es el actor intelectual de la muerte del Mariscal Antonio José de Sucre.

Es necesario resaltar que las duras condiciones en las que tuvo que gobernar el Libertador, lo complejo de su personalidad y sus experiencias personales lo convierten en un personaje que no conocemos pero del que sabemos cada paso, impulsa a casi 2 siglos de su muerte el estudio profundo para conocer todas las facetas del Bolívar hombre, del Q:.H:., fuera de las idealizaciones que se le endilgan a los personajes heroicos.
La historia lo recuerda como uno de los protagonistas hispanoamericanos con mayor relevancia en la historia mundial. Aunque su nombre ha sido mancillado por la manipulación gubernamental y usado de manera vergonzosa para verbenas políticas, Simón Bolívar sigue siendo sinónimo de fortaleza, perseverancia y rebelión por la libertad.

Francisco Pérez Alviárez